126. Los Hermanos de Tegucigalpa

Author: Morgan Abate, First Year

--Hola, osito. ¿Cómo estás?—me pregunta una voz por teléfono. No le digo nada a la voz. Mamita  siempre me dice que no les hable a los desconocidos y tengo miedo. Le doy el teléfono a Mamita  y ya no digo nada. Mamita  toma el teléfono y corro a mi cuarto para jugar con mis juguetes. 
Mamita  me encuentra tan pronto sacando mis juguetes.
--Andrés, peque, ¿por qué no hablaste?—
--Porque no hablo con los desconocidos.—Mamita se ríe y yo también.
--Te prometo que  conoces la voz.—Ella pone su mano en su corazón.  Te creo Mamita.
La voz llama de nuevo. Quiere hablar conmigo dice Mamita.
--Hola, Andrés. ¿Cómo estás?—
  Tenía miedo. Pero Mamita  está acá y me sonríe. Me anima por dentro. –Estoy bien,-- le digo a la voz.
--¿Me conoces? –
Miro hacia mis pies. –Yo no sé.—
--Te cantaba a ti después de que te durmieras. ¿Te recuerdas?—La voz  sonaba linda y amable. No le  conteste. –Andrés,  soy tu mamá. ¿No me recuerdas? ¡Ay! ¿No conoces la voz de tu mamá?—
¡Estoy feliz! Mamita  dijo la verdad. --¡Mamá!—Estoy gritando. –Te echo de menos. Quiero estar contigo. ¿Puedes venir a casa?—
--No te preocupes, osito. Te amo mucho y te veré pronto.—
La voz de mamá desaparece.  Estuvieron mojados mis ojos de las lagrimas. –Mamita , ¿me quiere mamá?—Mamita  me abraza.
--Por supuesto, peque. Está tratando de cuidarte. ¿Puedes creerme?—
--Sí.—Le digo.
No sé por qué mi mamá no vendrá a casa. Extraño a mi mamá y su cara bonita. Mamita  me dice que mamá y yo tenemos los mismos ojos. Son color moreno. El pelo de mamá es color moreno, también. Cuando cierro mis ojos bien puedo verla en mi mente. Tiene una sonrisa grande y brillante. Me  olvide cuantos años tiene pero se ve muy joven, ¡como yo! Pero no puede  tener la misma edad  mía porque es mi mamá y se va de la casa para trabajar. Los adultos solamente hacen eso.
Mamita  me arropa y me canta. Deseo que mamá estuviera cantando. Siempre la  veo en mis sueños.
* * * * *
Este uniforme no me queda bien porque está un poco ceñido y me pica, pero Mamita me  manda a que me lo ponga porque si no lo hago, no puedo asistir a la escuela. Yo sé que mi educación es la razón que mamá se fue para los Estados Unidos y no quiero decepcionarla. Quisiera que ella estuviera acá para verme ir a mi primer día del segundo grado. Este año recibiré mi primera comunión y el tiempo pasado que hablé con mamá ella me dijo que  quería regresarse a casa. ¡ Estuve muy emocionado! Era  la primera vez que mamá  hablaba sobre su regreso a casa.
Mamita  me está llevando a la escuela, cuando me suelto de su mano y nos despedimos me pongo un poco ansioso. No sé por qué, pero pienso que es porque mi clase y mi maestra son diferentes que el año pasado. Cuando entro a la clase, veo a unos de mis amigos y me siento con ellos. Miramos como otros estudiantes vienen a la clase con sus mamás y entonces me causa emoción y tristeza. No puedo esperar hasta que mi propia mamá me  lleve a la escuela. 
Mamita  aguarda fuera de la escuela pequeña después del fin del día. Toma mi mano  y empezamos a caminar. Me pregunta sobre mi día y si hice amigos nuevos. Balanceamos nuestros brazos. Es muy divertido. Nunca quiero soltarla porque me siento seguro y querido. Yo sé que mamá me quiere pero es un poco difícil sentirlo. Ella está muy lejos y le echo de menos a mamá más y más cada día. Todo lo que quiero es que mamá me abrace fuerte y me mantenga firme.
A través del año mamá y yo solo hablamos tres veces al mes y me pongo ansioso de oírla. Ella me pregunta cómo  me iba en la escuela. Después de  hablar con mamá, le pase el teléfono a Mamita .
Hay cambios nuevos a nuestra casa como el tejado y  nuevos zapatos. Mamita  me dice que este tejado nos protegerá mejor de los inundes y huracanes. Le creo porque Mamita  quiere ayudar a mí y a mamá. También Mamita  me dio los zapatos nuevos para la escuela hace dos meses. Me dice que los necesito porque los otros eran de mis primos mayores que me los habían pasado a mí. Son muy cómodos y me quedan bien.  A Mamita la quiero mucho. A veces pienso que ella me ama más que mamá.
* * * * *
Estoy mirando alrededor de la iglesia. Mamá me dijo hace tres semanas que estaría acá porque hoy es un día muy importante. Veo a Mamita  y me saluda con la mano y me  hace sonreír. Aunque mamá no pueda estar aquí, tengo a Mamita  que me cuida. Yo la quiero mucho, pero todavía pienso que Mamá vendrá.
Después de la misa, encuentro a Mamita  y me da un abrazo fuerte y me dice que está muy orgullosa de mí. 
Le pregunto --¿Dónde está Mamá?—
La sonrisa de Mamita  desaparece y de repente se ve triste. Estoy confundido. Suspira y se arrodilla. –Andrés, Mamá no podía venir. Lo siento, peque.—
Mamita  empieza a ver el cielo nublado y me vio  llorando. –Pero, Mamá dijo que estaría acá.— Estoy enojado  y no entiendo por qué Mamita  me mentiría. Ella toma mi mano en su mano. Cuando miro a Mamita  estaba  llorando, también. No hablamos por mucho tiempo y la iglesia se mantuvo en silencio .
--Mamita, ¿por qué no me quiere ella?—Digo  en lágrimas. --¿Por qué me mintió?—
Niega con la cabeza. –No, no peque. Mamá no está tratando de mentirte. Pensó que podría venir, pero es difícil para viajar de lejos.— Me besa encima de mi cabeza.
Ya estoy llorando. Las lágrimas lo comprueba . –¿Entonces, qué hice?—No entiendo.
--No hiciste nada, peque.—me dice Mamita .
Pero esta vez no le creí. . 
* * * * *
Cumplo doce años hoy y Mamita  me  coció  un pastel de tres leches. Es mi favorito y Mamita me lo  hace para todos mis cumpleaños.  Caminé a casa después de la escuela y miraba como las madres recogían a sus niños. De repente me pongo celoso,  y al mismo tiempo me enoje . Estas madres  quieren a sus niños más  que mi madre me quiere a mi. No me ha llamado por dos meses. No sé dónde está.
No pienso que mi mamá sea mi mamá porque Mamita   hace todo. Me paga por todo que yo necesito, y quien nos envía el dinero  se olvida de nosotros. El tejado ya nos queda calentito, pero mis zapatos ya no me queda. No me sorprenderá   si ella no me llama hoy.
Llego a casa y Mamita  me espera afuera de la casa.
--Mamita, ¿podemos comer el pastel? Tengo hambre.—Le doy una sonrisa grande porque yo sé que  eso la hace feliz.
Mamita  sonríe, por supuesto. –Has esperado todo del día y por eso yo pienso que podemos celebrar tu cumpleaños.—
Corro hacia la  cocina, el primer cuarto de nuestra casita. El otro está separado por una tela  para que los visitantes, no puedan ver nuestras camas. 
Me siento en la mesa y no puedo contener mi entusiasmo. Pone el  pastel en la mesa enfrente de mí. Levanto el tenedor, pero Mamita  abofetea mi mano y se  cae. –Necesitamos decir la oración, Andrés.—
--Lo siento, Mamita.—
Mamita da  gracias a Dios por la comida y nuestra casa. Finalmente puedo disfrutar el pastel  de tres leches y está riquísimo. Solamente Mamita  y yo  celebramos mis cumpleaños. Ella me canta y luego cierro mis ojos y trato de hacer un deseo. Trato de imaginar a mí mamá en  la mesa con nosotros, pero solamente recuerdo la voz que ha disminuido por los años.  Parece como un murmullo en mi cabeza y puedo ver a duras penas su cara perfecta, sus ojos morenos — ¿o son negras? — y su pelo largo.
Abro mis ojos pero, ella no está acá. No tengo hambre de repente. Mamita  no  quiere desperdiciar la comida porque últimamente no habido mucho . Así que yo como el  pastel por Mamita.  No puedo evitar ver hacia el    puerto. Quizás ella caminará,  entrara a la casa y me dará   un abrazo.
Miro hacia el  puerto durante la noche, cierro mis ojos muy bien y todo el tiempo que las abro ella no está allí.
* * * * *
--Ay, Mamita, déjame en paz, por favor, -- le pido, pero no me escucha. No quiero dejar mi cama  o ir a la escuela secundaria. Hay cosas más importantes, como el dinero.
Ha  sido dos años desde que Alita paró de enviar  el dinero a nosotros. Si ella lo envía, lo recibimos uno o dos veces por año. Ya no le hablo cuando nos llama aunque implore Alita y Mamita. Para mí    está muerta. Nos dejó y nunca me quera . Mamita  ya trate de decirme a mí mismo que estoy equivocado pero no me  cree. Ya no soy un niño de ocho años y mucho menos  después de mi comunión.
Mamita  no sabe que me salto  de clase para ganar  dinero. Hay tres o cuatro chicos más que salen de la escuela tan pronto como  empieza. Todos los días buscamos trabajo pero la mayoría de los días no encontramos  nada. Nos sentamos fuera de los ranchos grandes y las mansiones de los terratenientes ricos. A veces les voceamos a las chicas que pasan por camino de tierra y algunos de mis cuates salen todo del día con una de las muchachas.
Uno de mis hermanos necesitó el dinero para  sus dos padres, su abuela, dos hermanas y tres hermanos. Su padre es borrachero y su madre trata de vender joyería casero. La madre quiere que sus hijos obtengan una educación y como el mayor hijo, mi ‘mano cree que es el hombre de la casa decidió ingresarse a la Mara. No es el primer ‘mano y no será el último. No lo veo mucho y es una lástima que él tenía que meterse con una banda de drogas y crimen.
  Así es la vida de nuestros muchachos de Honduras.
Todos de mis hermanos y yo nos preocupamos por él pero no podemos mostrar nuestro miedo. Qué será, será. Además, hay mucho más hombres jóvenes en las bandas y  yo y mis ‘manos hemos tratado de evitarlos. Le  prometí  a Mamita  que no entraría a una banda.
Voy a casa después   de la escuela para que Mamita  crea que yo asistí.
--¿Cómo te fue , peque?—Mamita  me llama desde nuestro cuarto y acerca la cortina gastada y desteñida. Ella está sentada encima de mi colchón cosiendo los individuales, las servilletas y las toallas. Va al mercado en Tegucigalpa dos veces por semana para tratar de venderlos. Me enoja todo el tiempo cuando la miro. Sus manos viejas y arrugadas no trabajan tan rápido como antes. Se esfuerza y tiembla todos los días y para mí no es justo. Alita nos abandonó totalmente y ahora Mamita  tiene que ganarse la vida para nosotros.
Es incluso peor cuando Mamita  le suplica a Alita para dinero y Alita no lo da. Me dice que todo está bien, pero puedo oír sus llantos   y oraciones después de las conversaciones.
--Bien, ¿y tuyo?—No pienso que ella me oiga. Me repito. –Mamita, ¿Cómo fue su día?—
--Eh, lo mismo. Tu madre me llamó y quería hablar contigo.—
--No quiero hablar con ella.—
Mamita  suspira y sigue en su costera, entonces se queda quieta por un tiempo. –Andrés, tu mamá quiere ayudarnos  aunque no parezca cierto  .—
--Mamita, ¡ Alita se fue! . No regresara  ni manda a buscar a nosotros. Solamente será  tú y yo. No quiero hablar con ella. Déjala que se quede en los Estados Unidos o España o donde sea.--   
Me voy de  la casa para reunirme con mis cheros. No puedo estar en esta casa con Mamita en este momento  . Cuando encuentro mis ‘manos, están jugando el futbol. Algunos de ellos han oído que los entrenadores están viniendo a nuestro barrio  buscando jugadores para el equipo nacional. Creemos los chismes porque no  hay nada más. Necesitamos creer en esto  porque si no entrariamos en las bandas o  nos  iríamos  para los Estados Unidos.
Y le prometí  a Mamita  que no me metería en una banda y vendiendo drogas.
* * * * *
Salen la iglesia tratando de contener las lágrimas. Mis ojos  se mantienen secos, como no le doy lástima a nadie, entonces, no vale la pena. Todos llevan el negro que combina con el cielo esta mañana.
--Él fue estúpido. No lo puedo perdonar nunca aunque pueda volver a vivir,-- dice uno de mis hermanos.
--No tuve otra oportunidad y lo sabes, Enrique,-- yo le digo a mi ‘mano.
--Fue uno de nosotros, ‘mano. No le encaja con las bandas, solamente quería ganarse una vida para su familia.—
Se queda inexpresivo y deseo que no me quedara. No creí  que mi chero fuera una persona mala, pero, así  es la vida acá. Y por supuesto Alita no está acá. Ella no conoce a mis hermanos y aun si los conociera no podriá  comprender las relaciones entre nosotros. Mamita no entiende  bastante del tiempo, pero al menos Mamita fue  a la iglesia y me cocinará mi cena favorita para tratar de hacerme sentir mejor.
--Voy a dormir un rato, Mamita,-- le digo a ella.
--Por supuesto mi hijo.—
Empiezo soñar tan pronto como mi cabeza  cae en la almohada. Veo a mi amigo sonriendo y lleno de  vida. Veo una ciudad nueva donde la violencia se encierra y los colores de mi país vuelan muy altos en un cielo azul, no gris. Mamita y yo estamos bailando y nuestra casa crece  en frente de nuestros ojos.
De repente los tiros destruyen la paz de la ciudad y el cielo cambia a un color rojo. Todos  mis hermanos y amigos se derriten serca  de mí.
Me despierto con un corazón llameante, y el sudor  goteando de mi cara.  Me levanto de mi cama y abro la cortina. Está oscuro afuera pero yo veo algunos parpadeos del color blanco. Me doy la vuelta para estar seguro que Mamita  está en  casa. Cierro la cortina rasgada y camino en silencio fuera de la casa.
* * * * *
Mis ‘manos estaban levantadas cerca  de la colina que mira desde arriba y de lejos a la ciudad de Tegucigalpa.
--Queremos ir a la ciudad esta noche,--uno de ellos me dice. –Queremos celebrar la vida de Julio.—
Me voy con mis hermanos a Tegucigalpa por la noche. No tenemos mucho dinero, pero este viaje es una celebración de nuestro ‘mano que perdimos .
Hay un bar que nosotros vamos  cuando tenemos  dinero y nos hemos parado trabajando para ganar l dinero. Mamita  no sabe que vengo acá, y si sabe, no tendría un techo encima de mi cabeza. Usualmente no bebo mucho para que pueda cuidar a  mis amigos.
Por dos horas nos sentamos en un bar  recordando a nuestro ‘mano fallecido. Nos reímos,  sonreímos, hablamos y bebemos Salva Vida, una cerveza hondureña. Uno de mis hermanos está borracho después de cuatro bebidas y trata de hablar con una chica guapa cuando manda otra cerveza.  Puedo ver que ella no quiere hablar con él. De repente mi ‘mano  agarra a la muchacha y empieza a arrastrarla hacia la puerta para salir el bar.
No sé  qué hacer, entonces yo decido cuidar de mi cuate y les sigo a la distancia. Ella ya le está resistiendo a mi hermano, pienso que puedo ver las lágrimas corriéndole  por la cara. Empiezo a alcanzarlos   para tratar de prevenir que algo malo le pase   a la chica.  Pero hay muchas personas en la calle esta noche y  tengo que empujar a toda la gente. Han  desaparecido en una callejuela cien mentros de mí por eso comienzo a correr.
Mi cuate le está sobreponiendo a la pared y le comienza a gritarle. 
--¡No mereces vivir! Lo engañaste y ahora estarás  muerta .—
--Oye, ¿qué pasa?—le pregunto a mi ‘mano. 
--Esta mentirosa es la razón porque Eduardo está muerto.— Está enojado a causa de su cara enrojecida.
--Estás borracho, hombre. Esta muchacha no mató a nadie. Déja de molestarla o llamaré a la policía.— Cuando se da vuelta para verme, sus ojos se pusieron rojos e hinchados y yo sé que había  llorado. --¿Qué pasó?—
--No quería dañar a nadie,-- nos dice la chica a nosotros. –Si me obligaron a hacerlo pero no quería.—
--¿Qué?—Estoy muy confundido de lo que acaba se decir , piense que ella conocía  a nuestro amigo fallecido. La chica me mira y la reconozco. Ella caminaba por la calle donde nos sentábamos hace dos años cuando no asistíamos a la escuela para trabajar. No tenía una familia, pero  nunca nos dijo donde vivía.
--Ella vive con miembros de Calle Dieciocho y sabía que uno de nosotros se ingresó  a la Mara. Robó  dinero y las drogas de Eduardo después de acostarse con él. ¡Es una ladrona y zorra también!—
--¡Pero quiero ayuda! Ya no quiero pertenecer a los hombres malos. Por favor, ayúdame. --‘Mano, estás borracho y no puedes caminar bien. Puedo hacer algo para la chica.—
--No, necesito a los dos para huir.—
--Señorita, mi amigo no puede caminar y ha bebido demasiado. Vámonos.—
Ella no dice nada más, entonces la tomo de la  mano y salimos de la callejuela. Oigo tiros y luego siento un dolor ardiente en mi espalda, entonces lo siento de nuevo en la otra parte de mi espalda. La chica grita y cae en la acera. Me quedo mirando al cielo oscuro con las estrellas brillantes.
De repente yo veo perfectamente el pelo negro y ojos morenos de mamá. Puedo oír su voz baja, todo de ella está muy claro en mi mente. –Te quiero, osito.—
Extiende sus brazos hacia mí.
--Te quiero, mamá, pero ¿donde estabas cuando te necesitaba? Te necesité. No puse hacer todo solo.—
Siento  las lágrimas y todo se hace  oscuro.
Este es la vida.

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